Artes de calle o “la Cultura va a la montaña”

¿Qué es un festival de teatro sin platea, una feria de danza sin escenario, un concierto fuera de un auditorio, una actividad cultural que no tiene lugar en ningún recinto, un espectáculo para todos los públicos y sin butacas?

Es un evento de artes de calle

En Cataluña existen 17 proyectos de este tipo que se han unido en la Plataforma d’Arts de carrer, para ayudarse mutuamente y hacer visible su trabajo. “Ni butacas ni paredes” es su lema. El pasado 17 de junio celebraron una jornada en la que nos invitaron a participar, y en la que también presentaron un informe de su actividad conjunta.

Más de 1.000 actuaciones, más de 2.000 artistas, más de 50 gestores implicados de forma estable, más de 300 profesionales en la recta final, más de 4.000.000 de euros de presupuesto con casi un 25 % de ingresos generados por la actividad y por patrocinios, y 540.900 espectadores en 2015. Y todo esto orientado a un objetivo central que todos comparten: la democratización de la cultura por medio de las artes callejeras. Este és un objetivo que aparece en muchos proyectos culturales y ha sido “el santo grial” de la gestión cultural de la transición democrática.

Los miembros de la Plataforma d’Arts de carrer son un buen ejemplo del esfuerzo dedicado a democratizar el acceso a la cultura. Como lo es toda actividad que ocupa un espacio público con propuestas artísticas en las que, a menudo, son los propios ciudadanos los protagonistas y el motor, ya sea en un marco festivo o en una espontánea celebración colectiva.

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Pero estos esfuerzos no son suficientes y, globalmente, no podemos más que reconocer el fracaso de políticas y proyectos para hacer accesible la cultura para todos.
A nosotros, profesionales de la cultura convencidos de su valor y apasionados por su materia prima, el dato nos puede sorprender pero, según la Encuesta de condiciones de vida del Instituto Nacional de Estadística (INE) de 2015 –publicada recientemente y comentada en este artículo– 2/3 partes de nuestra sociedad no han participado en ningún evento cultural en el último año.
En la actividad cultural de calle se aplica la metodología “Mahoma va a la montaña” para facilitar la opción de vivir una experiencia cultural sin poner ninguna barrera de acceso, ni económica, ni física, ni conceptual en la mayor parte de casos. Es muy posible que algunos de nuestros vecinos no vean más teatro en toda su vida que el que viven en su calle, dentro del marco de un festival como los de la Plataforma d’Arts de carrer, o en el fin de semana en que todas las ciudades se visten de fiesta.

Y también es probable que no haya mejor manera de explicar el valor y la importancia de la cultura a nuestros conciudadanos, que provocando una sonrisa colectiva en una plaza pública con un espectáculo de circo, de danza o de teatro. Conciudadanos que también podríamos definir como mecenas, en tanto que son cofinanciadores de gran parte de la actividad cultural a través de sus impuestos.

La vigencia del objetivo de democratización de la cultura por medio de las artes de calle es plena, y más aún cuando la desigualdad social se ha acentuado en los últimos años. La acción directa en el espacio público pone su grano de arena, pero para que la cultura llegue a todos, es necesario también que los gestores le dediquemos una mirada crítica, realista, sin caer en apriorismos o buenismos, sin simplificar una realidad que es compleja y sin dejar de trabajar otros objetivos también importantes.

Si no, este deseo corre el peligro de quedarse en eso, en un brindis al sol.

 

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