Balance de temporada de un consumidor cultural

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Ahora que la temporada está prácticamente terminada es un buen momento para hacer balance.

En la temporada 2014/2015 he ido 22 veces a una actividad escénica, a 8 equipamientos diferentes. 4 en Barcelona, ​​3 fuera, 1 de ellos de proximidad, aunque uno de los otros tampoco me queda demasiado lejos.

7 han sido conciertos (o la música ha sido central en el espectáculo), 14 obras de teatro, una de circo.

8 espectáculos han sido familiares (de los que sólo uno sería exclusivamente teatral, y 1 es el de circo).

No he ido nunca solo. En los espectáculos familiares, hemos ido 3. En el resto, casi siempre en compañía (no siempre la misma). En 2 ocasiones he ido en grupo, de 4 o más.

Cuando ha llegado el momento de la compra he intentado no pagar más de lo necesario. No he destinado tiempo a buscar ofertas, pero si me he preocupado de mirar las políticas de precios y opciones de abono de los equipamientos.

Recibo mails regularmente de 2 de estos equipamientos. A estos dos conjuntamente he hecho casi el 70% del consumo. A través de los mails he recibido ofertas específicas. No las he abierto todas, no me han interesado todas las que he abierto. Pero en 2 casos diría que el mail de oferta generó una compra.

Sin los mails mi vinculación al equipamiento sería mucho menor. Gracias a los mails, por ejemplo, a estas alturas conozco la programación de la próxima temporada y en estas semanas estoy evaluando si compraré (de nuevo) un abono. En 1 de los casos lo haré seguro.

¡El email funciona como herramienta de conversión! Ahora bien… si alguno de estos equipamientos me enviara más mails de que ahora me envía, pronto día me pasaría por la cabeza ponerlos a una bandeja de segunda categoría o darme de baja del mailing list.

Estos espectáculos han implicado 39 entradas. En al menos 2 ocasiones mis compras han provocado o contribuido a que algunos amigos también en compraran, si también las sumamos estaremos cerca de las 45 entradas.

El precio de las entradas ha ido desde los 22 € a los 80 €. Cuando contabiliza el precio, contabilizado un precio total. El importe de las entradas (normalmente 2), más desplazamiento y parking (en su caso), más canguro en algunas ocasiones. Cuando hay gasto de canguro se dispara la cifra final. Me quedan unos cuantos años todavía con este gasto adicional.

A nivel de costes también evalúo el tiempo y la necesidad de planificar, anticipar mucho una compra es un hándicap. La libertad para decidir qué hacer hasta el último momento es valiosa.

Desplazarse y aparcar es más fácil a algunos lugares que en otros. Reduce el tiempo a dedicar a la experiencia (y por tanto el tiempo de canguro) y aumenta la comodidad, no es un factor menor. Como no lo es el horario, si los espectáculos comenzaran antes, estaría menos cansado, tendría más opciones de transporte (público) y de canguro.

La valoración del tiempo es relativa, es resultado de una comparación con las alternativas. En este sentido, la cultura en vivo compite con otras propuestas de ocio. Cada vez dispongo de más opciones de ocio digital de grandísimo nivel, cómodo, económico (sobre todo por sus estrategias de precio), en casa.

3 de los espectáculos han sido memorables y los recordaré mucho tiempo. Con algunos de los espectáculos he descubierto actores y directores que a partir de ahora serán una garantía para mí, si me entero de que estrenan producción muy probablemente intentaré ir a verla. [No puedo evitar dejar una recomendación: Vilafranca, de Jordi Casanovas. Además hará temporada en Barcelona, ​​en el Teatre Lliure, después de estrenar y hacer gira por los Teatres Amics en una valiente producción conjunta que ha sido uno de los grandes acontecimientos teatrales de la temporada, y que sería genial si pudiera tener continuidad]

A la salida de estos espectáculos los comentarios eran: “tenemos que ir más al teatro”, “donde más aparte de en el teatro podemos vivir una experiencia tan intensa como ésta”. Este efecto impregna muy directamente también al equipamiento. Deviene o se mantiene como referente, leo más sus mails, las noticias que los medios donde aparecen, los tuits donde salen mencionados…

Por el contrario, otros espectáculos han estado por debajo de las expectativas. En algún caso por culpa mía, me tenía que haber informado mejor, yo no era público por aquella propuesta. Estos espectáculos rebajan mi deseo de cultura en vivo y el interés por el equipamiento.

Importante: el año anterior fui a 7 u 8 espectáculos. Por lo tanto, la capacidad para ir a vivir cultura en vivo es muy elástica. Con los no consumidores o los consumidores esporádicos es otra cosa, pero para los aficionados, es muy fácil duplicar o triplicar el consumo cultural. Con las propuestas adecuadas, las comunicaciones adecuadas, los precios analizados y pensados, en definitiva, con una adecuada y segmentada estrategia de marketing, tenemos una gran bolsa de venta de entradas en potencia. Hay 365 días al año, si en ese tiempo alguien va al teatro o de concierto 3 veces, es evidente que le gusta la cultura en vivo, ¡y aún quedan 362 opciones para llenar! ¡Tenemos mucho trabajo!

Un corolario a partir de esta reflexión: los agentes del sector no compiten entre ellos (como análisis de datos confirman aquí y en el Reino Unido), no hay un número total de entradas a repartir. Los mismos consumidores pueden comprar 1 millón de entradas o pueden comprar 1,5 millones de entradas. No nos repartimos un pastel, juntos debemos agrandar el pastel.

Esta sólo es una descripción muy particular, cada espectador tendrá la suya. Necesitamos conocer muchas de estas historias, empatizar con el destinatario final de todo nuestro trabajo, analizar el recorrido de su relación con nosotros. Y diseñar estrategias evaluables que nos lleven a mejorar en nuestros objetivos o aprender.

Los datos de todos los momentos de contacto entre nosotros y el espectador (en la web, en el email, el ticketing, en las redes, en las taquillas, a las recepciones) son un activo de gran potencial para hacer todo esto.

No empecemos la próxima temporada de cero, hagámoslo sabiendo más sobre nuestros públicos, sobre lo que hemos hecho bien y lo que no hemos hecho tan bien. ¡Y que tengamos suerte!

 

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