Cultura de datos, datos de cultura

No le falta razón a David Márquez (@DavidMML) en su artículo Entre datos anda el juego de su interesante blog. Tiene razón cuando afirma que en el presente y en el futuro los datos son y serán un recurso útil, incluso imprescindible, para el desarrollo de un proyecto cultural.

Sigue teniendo razón cuando analiza la utilidad de los datos que recoge el ministerio y cuando cuestiona su aplicabilidad. Explica cómo, por su origen y por la forma de captarlos, es difícil saber cuan completos y fiables son los datos y cómo algunas de las categorías utilizadas en el análisis podrían ser cuestionables por sus fronteras difusas.

En un suma y sigue, añadiría que la filosofía y metodologías con las que se recogen esos datos han variado poco desde principios de siglo (momento en el que empiezan la mayoría de las series de datos). No estamos aprovechando las nuevas fuentes de datos hoy disponibles, como los datos de sistemas de venta de entradas, de contenidos web o de redes sociales. Nuevos datos que podrían aportar luz a preguntas antes implanteables. Tampoco aprovechamos las nuevas tecnologías que facilitarían la captura, el acceso, la visualización y el análisis de los datos, su fiabilidad y eficiencia.

Esta nueva realidad abre una oportunidad, una nueva forma de obtener y analizar datos del sector cultural desde las administraciones que aporte nuevos conocimientos, más luz, útiles y practicables respuestas para profesionales, organizaciones e instituciones.

Sería interesante revisar a fondo qué esperamos y qué pueden aportar los datos partiendo desde el principio: las preguntas. Y que sea lo que queremos saber el motor que nos lleve hasta los datos y nos ayude a definir la manera más óptima de obtenerlos y analizarlos, hasta que nos den las respuestas.

Una parte de estos datos serían de uso (de necesidad) para la propia administración. Nunca más un plan, un proyecto, una subvención…, en definitiva, una política cultural sin evaluación, sin una definición a priori y clara de sus objetivos y de cómo –con que métricas– serán evaluados. Parafraseando a Peter Drucker: Sólo podemos mejorar lo que puede ser medido.

Otros datos serían útiles para el sector; datos agregados del conjunto de la sociedad que pongan en contexto y enriquezcan los datos propios e individuales. En este sentido, el momento es también una oportunidad para fomentar la cultura de toma de decisiones en base a datos y para poner en valor el potencial de compartir análisis y conclusiones (no puedo dejar de citar como buena práctica algunos de los estudios que nosotros mismos hemos realizado en esta línea por encargo del Àrea de públics de la Generalitat de Catalunya).

La cuestión económica no debería ser una barrera. Sin duda iniciar este camino supone un coste, como lo supone todo el esfuerzo para mantener las series de datos actuales que hacen en estos momentos las diferentes administraciones (añadiría, además, que poco coordinadas ente sí). Y lo que es seguro es que un nuevo enfoque podría ofrecer mayores y cuantificables retornos. Podríamos no repetir un programa que no demuestra su efectividad… invertir más fondos en las subvenciones que mejor han satisfecho sus objetivos… identificar y analizar en detalle buenas prácticas para difundirlas y extenderlas… compartir métricas y resultados que permitan avanzar más rápido al conjunto…

Es cierto que estamos ante un reto y que necesitaremos tiempo, un planteamiento estratégico y nuevos o reciclados profesionales especializados, pero la oportunidad de mejora para todo tipo de organizaciones, para la acción de las administraciones y del sector en su conjunto es evidente.

Como propone David… ¡pongámonos a ello!

 

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