Dejemos que los públicos opinen

Ahora que los teatros y auditorios empiezan a presentar la nueva temporada 2017-2018, es el momento de apuntar en nuestra agenda todo aquello que queremos ver. En algunos espectáculos lo tendremos muy claro, pero en otros dudaremos y antes de decidirnos seguramente esperaremos a conocer las primeras opiniones. A menudo nos encontraremos (no por falta de interés en descubrir cosas nuevas o de arriesgarnos) que ir a un espectáculo de artes en vivo lleva asociados un conjunto de condicionantes y gastos a tener en cuenta, como muy bien explicaba @ferran_lopez en su artículo El proceso de compra de un consumidor cultural.

Hasta hace pocos años, mis fuentes de consulta para recoger críticas y opiniones eran los medios de comunicación y las webs especializadas. Pero con el tiempo he ido dejando a un lado estos canales para centrarme en buscar las opiniones del propio público del espectáculo. En cierta forma, este cambio se debe tanto a la propia evolución de los medios de comunicación (que cada vez dedican menos espacio al apartado cultural y en especial a la crítica), como a la decepción que han supuesto algunas de las opiniones escritas. Es aquella sensación de ir a ver algo cualificado como una “obra maestra” y que al final te supone dos horas de absoluto aburrimiento en la butaca. No es necesario poner ejemplos concretos, seguramente todos lo habremos vivido en alguna ocasión; lo que se publica en un medio de comunicación de gran alcance suele generar expectativas, conscientes o inconscientes, contra las que será muy difícil luchar.

En los últimos tiempos me he acostumbrado pues a buscar las opiniones de los públicos de los espectáculos que me interesan, cosa que ahora es posible gracias a la evolución de internet y de las redes sociales, en las que resulta fácil que el propio espectador se convierta también en recomendador o prescriptor. En los comentarios de los espectadores encuentro a menudo opiniones más directas, relatadas por personas que no tienen la voluntad crítica de diseccionar un espectáculo, sino de compartir la experiencia o vivencia de la manera más sincera y cercana posible. No utilizan un lenguaje técnico ni prosa rebuscada sino un lenguaje simple que transmite de forma rápida la ilusión o la decepción que les ha generado el espectáculo.

Así pues, para decidirme, cada vez tengo más en cuenta la voz del público y constato con otros consumidores culturales que es una tendencia en alza. De hecho, todos tenemos el amigo o la amiga con quien siempre compartimos gustos y con quien sabemos que el intercambio de opiniones será positivo para las dos partes. “Ya he visto aquella obra y te encantará, tienes que verla”. Y antes de que acabe la frase, ya estás comprando las entradas porqué sabes que sus recomendaciones no fallan nunca…

Los equipamientos culturales deberían trabajar cada vez más para fomentar y recoger la opinión de sus espectadores. Ya existen algunos ejemplos, como el de los vídeos a la salida de las funciones del Teatre Poliorama, el apartado dedicado a recopilar tuits de los espectadores en las fichas de los espectáculos del Teatre Lliure o las encuestas del Festival Temporada Alta; también es el caso de los emails que el Tr3sC envía a las 24 horas de cada espectáculo animando a publicar una opinión. El seguimiento de los datos de este último ejemplo muestra la excelente acogida, con una conversión (el % de espectadores que van a la web y acaban compartiendo su opinión sobre lo que acaban de ver) que se mueve entre el 10 y el 20 % semanal. Es decir, una parte de nuestro público estará encantado de opinar y de ayudar si se lo pedimos.

¡Potenciemos pues la participación de los públicos! Podríamos decir que el público llama al público y situarlos en el centro de nuestros proyectos pasa también por ayudar a hacer visible su opinión, a amplificar su voz y a que forme parte también de la propia voz del equipamiento.

 

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