Guía de supervivencia para profesionales de lo efímero. Parte 3

 

Tecnología y gestión de equipamientos escénicos (extracto de la ponencia de Pepe Zapata, socio y consultor de Teknecultura en Mercartes. Valladolid, 7 de noviembre de 2014)

 

La tecnología constituye un factor determinante tanto en la reciente transformación de las formas de participación y de acceso ciudadano a la cultura, como en la protección de los derechos culturales, y hasta en la reciente conformación de los nuevos procesos de producción y consumo. Sectores como la música, la literatura, el cine y el videojuego ya lo están viviendo en carne propia.

 

El primer paso es ser conscientes del cambio absoluto de paradigma, de cómo los medios de producción, distribución y comunicación cultural están al alcance de todo el mundo, y de cómo los gestores –en tanto que mediadores– hemos perdido el monopolio del control de alguna de esas fases. Somos koalas: o somos útiles y encontramos nuestro eucalipto, o desaparecemos. Nuestro rol como gestores está en cambio continuo.

Mientras la relación entre creadores y públicos cada vez es más directa en otros campos, las artes escénicas aún viven este proceso de transformación en la distancia, como si no fuera con ellas. Aunque las expresiones artísticas en vivo puedan parecer inmunes a la interacción con la tecnología, no pueden obviar la necesidad de convertirse en vehículo de comunicación y de expresión de la sociedad. Y ello comporta hibridación, interdisciplinariedad, transmediación, impureza… Si nos impermeabilizamos a estos cambios, acabaremos en la vitrina de una sala secundaria de un museo con un cartel que diga “especie en extinción”.

 

En el fondo, todo pasa por la customización de esa tecnología a nuestros objetivos como organización, por su adaptación a los intereses prioritarios de nuestra estrategia.

 

Partamos de una premisa fundamental: la tecnología es una commodity absoluta. El verdadero valor está en la comprensión y la visión sobre cómo aprovechar esa tecnología para conseguir nuestros objetivos. Simplemente se trata de conseguir la normalización del sector, de aprovechar las oportunidades de la tecnología tal y como hacen las entidades bancarias, las compañías aseguradoras, las firmas de automoción, los centros comerciales. Dotémonos de CRM, de ticketing, de herramientas de email marketing, de web, blog y perfiles en redes sociales… pero siempre y cuando ello responda a una estrategia de desarrollo de públicos y de contenidos. Y hagámoslo en beneficio de la mejora de la relación con nuestra audiencia, articulando nuevos canales de comunicación, disponiendo de instrumentos de medición y análisis, y todo ello con un economía de costes cada vez más baja. No tiene sentido distinguir entre marketing digital y marketing tradicional; o es marketing o no lo es.

 

No necesitamos ser expertos en el desarrollo de una app para la venta de entradas, ni en el diseño de una campaña de email marketing para nuestro público, ni en la configuración del Google Analytics de nuestra web, ni en la configuración de un ibeacon para el vestíbulo de nuestro teatro, ni en la realización de una infografía con los datos de la memoria de la última temporada, ni en la preparación de una campaña de Facebook ads, ni en la concreción de algoritmos para combinar datos de nuestra base de datos, por poner algunos ejemplos cada vez más usuales en nuestro día. Lo auténticamente relevante es saber qué optimización del sistema de venta vamos a obtener a partir de esa app, qué estrategia de contenidos debemos aplicar para mejorar nuestra relación con los usuarios, qué indicadores online nos ofrecen la información crítica para nuestra organización, qué tipo de interacciones con los públicos generan los nuevos sensores tecnológicos, qué datos son los auténticamente imprescindibles para comunicar nuestra información, qué públicos potenciales y qué mensajes pretendo contactar a través de las redes sociales, o qué interpretación hacemos de los datos para entender los comportamientos de nuestros usuarios.

 

Si hay un aspecto en el que podemos poner el énfasis y la prioridad en la utilización de la tecnología en las artes escénicas es precisamente en la ampliación de la experiencia del usuario, antes, durante y después de un espectáculo. Y, en ese sentido, la sincronía que ofrecen los nuevos dispositivos móviles permite generar nuevas interacciones y relaciones con los públicos. Experimentemos.

 

Artista invitado:

I’m Going Digital [Digimon The Movie], Jasan Radford

 

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