Ir al teatro en la gran ciudad es otra cosa

Ryan Hoard

Ryan Hoard

Decidir comprar entradas para un mismo espectáculo en un teatro de temporada de una gran ciudad, o en un teatro de proximidad, pueden ser decisiones bastante más diferentes de lo que podría parecer.

El valor de la experiencia

Una parte importante de los consumidores culturales, lo que buscan es vivir una experiencia en su tiempo de ocio, con un antes y un después complementario. Hablamos, por ejemplo, de cenar, tomar algo, ir de compras, visitar algún otro espacio… Más aún, puede que la propia actividad cultural sea la que es complemento de una actividad principal: vamos de compras o a cenar y, ya puestos, antes o después, vamos de concierto o ver aquel espectáculo del que hemos oído hablar a unos amigos, para completar la tarde del fin de semana.

En una gran ciudad la diversidad de opciones complementarias será siempre más amplia, la sinergia entre las actividades será más productiva para todas las partes.

Una gran ciudad ofrece más opciones, de producto, de agenda, de transporte

En las grandes ciudades es más fácil acceder. Y una mayor y más diversa oferta, adaptable a todos los estados de ánimo y situaciones, hace lógico que la metrópoli se convierta en la primera referencia para actividades de ocio.

Pero no sólo eso. Cuando el espectador se decide por un espectáculo, puede elegir varias opciones de agenda. En cambio, en un equipamiento de proximidad, la opción suele ser única. Esta limitación no es barrera menor. En ciertas fases vitales, la disponibilidad de tiempo de ocio, y la libertad para decidir sobre esta disponibilidad, son muy limitadas (esta barrera puede ser tanto determinante en muchos casos como la barrera económica). Para ejemplificarlo, mientras en Barcelona los espectadores deciden cuando van al teatro, en un teatro fuera de la capital es el programador quien decide cuándo pueden ir al teatro los espectadores.

La proximidad es cómoda

A favor de la proximidad juega la comodidad y el precio. Si tienes la suerte de vivir en Viladecans, caminando accedes a una oferta de primer nivel en unas instalaciones homologables a cualquier otra en el Atrium Viladecans. Si vives cerca, podrás aparcar prácticamente en la puerta y sin coste (si eres abonado, tienes parking en el propio teatro).

El destino de tiempo (como decíamos un recurso muy escaso) y dinero será inferior, sin sorpresas, sin colas, sin prisas. Y además, confortable.

Este es un beneficio que, obviamente, también disfrutan los vecinos de los teatros en Barcelona. Y no debe ser una sorpresa que los públicos de proximidad tengan siempre una aportación significativamente alta en cualquier equipamiento.

En cualquier caso, la gestión y las estrategias de marketing de un proyecto cultural deben ser diferentes en cada equipamiento, adaptadas a su realidad física y a la comunidad con la que pueden o deben conectarse, como bien saben sus responsables.

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