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La aceptación del duelo

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Photo by Felix Mooneeram on Unsplash

¿Cuando volveremos a la normalidad?

Esta es la pregunta del momento. Es la pregunta que como expertos en datos del sector de la cultura más nos gustaría responder. No es una pregunta que solo afecte a nuestro sector, obviamente, pero sí tiene sus especificidades. Para pocos sectores será más evidente que la nueva normalidad será eso, nueva y diferente a la anterior. Y a su vez también parece claro que esa normalidad llegará más tarde para las actividades que necesiten de cercanía social, como es la cultura en vivo.

Así pues, no hay respuesta. Solo podemos especular. Podemos hacerlo de forma argumentada, pero sin datos este solo es un artículo de opinión (parafraseando a W. Edwards Deming).

En un escenario optimista, pero dentro de la realidad, los teatros, auditorios y festivales vuelven a “abrir sus puertas” en septiembre (las últimas declaraciones de la  Ministra de Trabajo hacen pensar más en un proceso gradual en función de aforos a lo largo de todo el otoño y hasta diciembre). Para entonces el deporte de masas habrá encontrado la forma de volver con fuerza a las pantallas, con nuevos formatos de competición y sin público (¿veremos partidos que recrean el ambiente con efectos sonoros?). Y no me extrañaría que esas retransmisiones tengan tal éxito que cambien la forma en que se organiza el showbussines deportivo para siempre (el deporte se habrá reconvertido, en cierta manera, al e-sport).

“En un escenario optimista, pero dentro de la realidad, los teatros, auditorios y festivales vuelven a “abrir sus puertas” en septiembre”

A diferencia de la cultura en vivo (no tanto el cine), estos modelos de difusión cuentan con una monetización importante, de hecho, mucho mayor que la que producen las entradas a los estadios. Claro está, esto es así para las actividades de mayor relevancia y audiencia, escasamente llega esa monetización al segundo escalón. Veremos cómo de consciente será el deporte de la necesidad de regar sus campos de cultivo, su “cultura de base”.

Volvamos a la cultura…

Cuando los espacios abran, no está claro si lo harán con aforos limitados o no. En el sector no todo el mundo ve la idea con buenos ojos. La duda tiene todo el sentido, limitar los aforos puede implicar una complejidad logística difícil de solucionar, y a su vez, hacer inviable económicamente la actividad en la mayor parte de los casos. Y eso sin contar la reacción del público: ¿qué parte de la audiencia tendrá suficiente interés y necesidad de consumir cultura en directo como para acceder a una platea con aspecto desolado, con público de mirada perdida y con las sonrisas escondidas detrás de mascarillas? ¿Qué percepción profunda dejará en la ciudadanía esa experiencia o la idea de esa experiencia?

Sea como sea, es seguro que los teatros se esforzarán en facilitar la confortabilidad y sensación de seguridad a los espectadores, con medidas de toda índole como las que tomará el flamante Teatro Soho CaixaBank de Málaga.

Las campañas de comunicación serán intensas, contarán con gran apoyo por parte de las administraciones, y su foco será generar confianza a la vez que poner en valor la cultura.

No serán campañas fáciles…

El sector no cuenta con gran empatía en amplias capas de la sociedad (no hace falta más que leer los comentarios de algunos lectores a las noticias relativas a la polémica comparecencia del ministro de cultura, sobre la que nosotros reflexionamos en este artículo, por cierto). Vencer con palabras una percepción basada en hechos (como, por ejemplo, la percepción del teatro como espacio peligroso) es muy difícil, y puede sonar a excusatio non petita accusatio manifesta. Esperemos que las propuestas de campaña sean evaluadas con miradas ajenas y no sólo quien las encargue, que hará lectura con sesgo cognitivo por definición.

A pesar de todas las medidas y de las más mágicas campañas de comunicación y publicidad, aun siendo posible, una parte del público dejará de ir al teatro, a conciertos o al cine durante un tiempo. Gran parte de la audiencia de todo proyecto cultural es un público muy esporádico, gran parte de la ciudadanía tiene una relación e interés muy débiles con esta cultura de difusión profesional. Así pues… ¿qué previsión de menor asistencia podemos hacer?

Para esta pregunta aún hay menos respuesta. Podemos imaginar algunos escenarios y cuantificar sus resultados asumiendo muchas hipótesis no validadas e interpretando de forma flexible los pocos datos que disponemos. El lector sabrá perdonar la osadía y gran margen de error de esta primera aproximación, la relevancia de la pregunta y la voluntad de ser útiles nos empuja más allá de la prudencia.

“(…) una parte del público dejará de ir al teatro, a conciertos o al cine durante un tiempo”

A falta de datos más cercanos, son de gran interés los aportados por Colleen Dilenschneider a partir de las encuestas a más de 5.000 personas (en EEUU) en este artículo. Basándonos en sus cifras podemos pensar que, en estos momentos, incluso si dispusiéramos de una vacuna, un 15% del público no se sentiría cómodo en un recinto cultural. Sin vacuna, pero con los gobiernos autorizando el acceso a los espacios, un 40 % de los posibles asistentes tendrían dudas sobre su seguridad. Si la obertura fuera con restricciones de aforo ese porcentaje asciende al 80%.

Es de suponer que con la crisis superada volveremos a recuperar la confianza, sabremos manejarnos con medidas de autoprotección y la recuperación será completa, algún día.

Con todos estos ingredientes podemos trazar una opinión informada y plasmarla en gráficos de los que valen más que muchas palabras. Imaginamos 3 escenarios límite con el objetivo de ayudar a planificar lo peor, esperar lo mejor y gestionar las situaciones intermedias donde más probablemente se moverá la realidad. En todos los casos estamos asumiendo una recuperación de la economía como espera el FMI en su versión optimista. Si la crisis se alarga tendríamos que sumar un efecto de menor demanda resultado de la recesión extraordinaria.

Escenario 1:

Reapertura de los espacios en septiembre 2020 con limitaciones de aforo, vacuna disponible en 18 meses y ampliamente distribuida en 2022.

Escenario 2:

Reapertura de los espacios en diciembre de 2020 sin limitaciones de aforo, vacuna disponible en 18 meses y ampliamente distribuida en 2022.

Escenario 3:

Reapertura de los espacios con la vacuna disponible, en otoño, pero de 2021.

De cumplirse estas previsiones, el sector de las artes y la cultura vivida fuera de casa se recuperará lentamente. 2021 está en el aire y, a la espera de la evolución de la pandemia, sus ingresos pueden caer entre un 25 y un 80 %. En 2020 la caída de ingresos puede llegar al 70 %.

Otra conclusión: una apertura con restricciones de aforos provocaría una recuperación menos vigorosa. La diferencia entre abrir en septiembre a aforos limitados o abrir en diciembre con total normalidad es prácticamente nula en 2020, se empieza a ingresar antes, pero menos. Y de confirmarse los efectos negativos en la percepción de seguridad, el lastre en los ingresos se alargaría en 2021 (he de advertir que ésta ya era mi opinión antes de ver la curva, lo que despierta dudas de sesgo de confirmación por mi parte).

“(…) el sector de las artes y la cultura vivida fuera de casa se recuperará lentamente”

En cualquier caso, ésta es una primera aproximación que, como hemos insistido, está llena de hipótesis y de saltos cuánticos sin base suficientemente objetiva. Necesitamos más certezas y más datos. En este sentido valdría la pena que empecemos a buscarlos, encuestas para conocer la percepción de la audiencia propia, datos fiables del impacto hasta ahora, información sólida sobre los posibles pasos de desescalada aplicados a la cultura… (obtener o ayudar a obtener estos datos y las respuestas que contienen es una de las responsabilidades más necesarias e importantes de las administraciones, tanto para poder tomar decisiones como para facilitar información sobre la que cimentar las estrategias de resistencia y recuperación).

¿Qué hacemos ante esta posible realidad?

Como en todo duelo debemos pasar por diferentes fases. En estos momentos nos movemos entre la negación optimista del todo irá bien con avalancha de contenidos culturales gratuitos en la red, y la ira de la apagada cultural. Estamos a las puertas de la depresión, me temo. Espero que este artículo no contribuya a ello para ningún lector, a no ser que ayude a acercarlo a la aceptación.

Desde la aceptación podemos empezar a tomar decisiones de qué hacer, antes será difícil (de ahí la necesidad de saber).

Y en estas estamos todas las organizaciones culturales, pensando qué vamos a hacer cuando todo esto acabe. Asumiendo que, seguro, no va a ser lo mismo que hacíamos hace tan solo unas semanas.

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