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Llegó la hora de tomar decisiones

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Photo by Javier Allegue Barros on Unsplash

¡Gestores de la cultura! ¡Ha llegado nuestra hora!

La salida de la crisis actual será larga y sujeta a amenazas importantes (aquí desarrollamos con los datos disponibles una previsión de la recuperación en cultura), y necesitará ser gestionada. 

Con esto queremos decir que será necesario tomar decisiones: cuando abrir, cómo, con qué programación, precios, comunicación, medidas extraordinarias, focalizando en qué segmentos… y será necesario tomar esas decisiones con el apoyo de elementos objetivos, de datos, y con el mayor consenso y coordinación entre operadores posible.

Puede parecer una obviedad, pero no creo que lo sea. Podemos dejarnos llevar por los hechos consumados sin realmente tomar demasiadas decisiones suficientemente meditadas. Si podemos abrir, pues abrimos. Intentamos que sea con el mayor aforo posible, recuperamos la programación prevista, activamos todos los mecanismos de producción al ralentí, confiamos en una potente campaña de comunicación, y, si podemos estar en el mercado de nuevo antes que la competencia, pues mejor. Salir de esta situación como si de una inundación se tratara, creo, sería síntoma de una evaluación de la situación incorrecta.

“será necesario tomar decisiones: cuando abrir, cómo, con qué programación, precios, comunicación, medidas extraordinarias, focalizando en qué segmentos”

Que la presión de la cuenta de resultados, la ilusión, o ambas a la vez, no nos lleven abrir lo antes posible, con la mayor oferta de la que seamos capaces y sin darle una vuelta antes. Madrugar mucho puede no ser el camino más corto al amanecer.

Parece una mejor hoja de ruta: pensar en opciones, recabar datos, mantener las antenas de la empatía con el exterior bien abiertas, comentar con colegas y competidores, coordinar y consensuar posiciones basadas en los mejores datos y no en las más autorizadas opiniones (o no solo). Planificar desde el conocimiento y con indicadores que nos informen del avance. Gestionar, en mayúsculas.

Con el ánimo de contribuir a dar esa vuelta extra a la idea de reabrir y cómo hacerlo, y desde la osadía de la barrera, algunas reflexiones.

En primer lugar, el primer día en el que los espacios culturales puedan abrir puede que no sea el mejor día de hacerlo. Parece razonable esperar a que la organización esté bien preparada, a que la sociedad haya aprendido a moverse y familiarizarse con las liturgias de la fase de desescalada correspondiente. Esperar a que nuestra audiencia se sienta preparada.

“en los primeros meses solo una parte de la audiencia responderá. Lo harán primero nuestros públicos más fieles. En este reinicio nos deberemos dirigir fundamentalmente a ellos”

Que sean otros sectores los que se enfrenten a ese momento de la verdad. Que “entrenen” a nuestro público a desenvolverse entre mascarillas y a distancia. No por egoísmo, sino por sentido común. El bien que nosotros proveemos es más frágil, menos imprescindible en el corto plazo (para la mayoría de la ciudadanía, cuando menos).

Cuando llegue el momento, asumamos que en los primeros meses solo una parte de la audiencia responderá. Lo harán primero nuestros públicos más fieles. En este reinicio nos deberemos dirigir fundamentalmente a ellos. Si aún no sabemos cuántos y quiénes son, si no sabemos cómo son (demográficamente, sus intereses, sus patrones de relación con el proyecto…), estas semanas/meses podrían ser el momento perfecto para averiguarlo, analizando sus datos y los de sus compras. Si los conocemos podremos pensar en la programación más adecuada, en los precios y la comunicación idónea.

Será importante acertar en las decisiones, e importante darse cuenta pronto de los errores.

“si los primeros asistentes que vuelven viven una experiencia segura, salen entusiasmados y se lo hacen saber al resto mundo, habremos dado un gran paso hacia la nueva normalidad”

Una parte de nuestra audiencia asistirá de nuevo al recinto si otros lo hacen y su reacción es satisfactoria. Y será satisfactoria no solo por factores relacionados con la programación. Contaran, y mucho, las medidas extraordinarias que hayamos tomado para hacer esa experiencia confortable y segura.

Si la pandemia evoluciona bien, los primeros asistentes que vuelven viven una experiencia segura, salen entusiasmados y se lo hacen saber al resto mundo, habremos dado un gran paso hacia la nueva normalidad. Generaremos más confianza con esta “verdad” que con todas las campañas de comunicación que podamos imaginar.

Confianza y empatía van a ser claves. ¿Qué medidas de seguridad e higiene generarán mayor confianza? ¿No ya en un teatro o sala, sino en el día a día que todos viviremos? ¿Qué percepción dejarán estas medidas en los espectadores? ¿Cómo comunicar esas medidas? Nuestro público no puede dudar de que si tuviéramos la más mínima duda al respecto de la seguridad del recinto ¡no abriríamos!

“Repensar en base a nuestra misión, centrarnos en lo esencial e imaginar un nuevo proyecto sostenible en estas condiciones”

No todos los proyectos son iguales, cada audiencia tiene unas características sociodemográficas y de edad específicas (la edad va a ser una variable más importante a partir de ahora) y una relación con los contenidos diferente. Si queremos saber qué opina nuestra audiencia, como se sentirá más cómoda y segura en la platea de nuevo, lo mejor sería preguntar, recabar datos vía encuestas (como hacen en Estados Unidos y explicamos en el citado artículo).

En este contexto… ¿Nos preocupa no poder abrir con un aforo superior al 33 % en junio? Con todo lo comentado, quizás sea mejor esperar, como mínimo a una sociedad más habituada a esta normalidad y con la capacidad ya al 50%. ¿No podremos hacer sostenible el proyecto con el 50 % del aforo? Pues quizá debamos repensar el proyecto.

Repensar en base a nuestra misión, centrarnos en lo esencial e imaginar un nuevo proyecto sostenible en estas condiciones. Sí, diferente, con producciones de nueva cuña, con mayores esfuerzos a lo largo de toda la cadena de producción, optimizando costes, encontrando nuevas vías de ingresos, innovando, asumiendo plenamente la digitalización (que merecerá artículo aparte). O esto o hibernar. Mientras el virus no esté controlado, quedan pocas opciones.

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